El pasado 26 de octubre la sección de libros del programa fue algo diferente. En esta ocasión, no recomendamos ninguna lectura, sino que, con motivo de la concesión del Premio Francisco Ynduráin de las Letras, conversamos sobre el galardón y la figura del ilustre crítico literario y profesor de Aoiz.
Asimismo, tuvimos oportunidad de hablar sobre la importancia de la lectura y ofrecimos un adelanto de lo que se podrá encontrar el lector en mi próximo libro de relatos, Segunda residencia (Tropo Editores).
Si queréis ver el vídeo de este programa (26/10/2011), pinchad aquí.
lunes, 31 de octubre de 2011
miércoles, 5 de octubre de 2011
Richard Ford, Mi madre

“No hubo en su vida nada particularmente brillante, nada notable, nada heroico. Pero de alguna manera, hizo para mí posibles mis afectos más verdaderos.” Esto es lo que escribe Richard Ford (Jackson, EEUU, 1944), quizás uno de los mejores escritores norteamericanos de la actualidad (junto con Roth, DeLillo o Updike), en Mi madre, este pequeño y delicioso libro de memorias que se lee de un tirón y cuyo poso queda largo tiempo en nuestro diario de lecturas.
Con un estilo sencillo y conciso, el autor relata con emoción la vida de su madre, Edna Atkin, desde la perspectiva de su reciente muerte. De este modo, recorreremos los primeros años de la infancia y juventud de Edna en los años de la Gran Depresión y, más adelante, la vida en familia, el matrimonio Ford, el nacimiento del pequeño Richard, la muerte del padre y el nuevo escenario que les toca compartir a la madre viuda y al hijo huérfano.
Este libro tiene muchas virtudes: su tono de fina ternura, que no rehúye los momentos tensos pero se aleja del patetismo fácil; el personaje anónimo de la madre, tan valioso en amor y entrega, aceptando el destino que la vida le ofrece; el vínculo familiar a pesar de la muerte, de las adversidades, del paso del tiempo. El autor/hijo intentará narrar la vida de la madre por entero, pero incluso en las regiones más próximas de la memoria existen lugares en penumbra, que no se iluminan del todo. El recuerdo siempre es incompleto y eso es lo que lo hace valioso, relevante, único.
Si queréis ver el vídeo de la segunda parte de este programa (05/10/2011), pinchad aquí.
Jack London, Los mejores cuentos del Gran Norte

Jack London (San Francisco, 1876-1916) es el prototipo del escritor aventurero. Marino, pescador, contrabandista, incluso mendigo, su vida agitada y breve lo hizo desembarcar con sólo 21 años en la Alaska de finales del siglo XIX, entre promesas de oro y riquezas, en una tierra inhóspita que sólo le concedió un retorno enfermo de escorbuto y las manos llenas de historias para ser narradas.
Los ocho relatos que conforman el volumen nos envuelven en el paisaje desolador, de naturaleza implacable, de las regiones del Yukón en plena Fiebre del Oro. En sus cuentos caminamos junto a tramperos sin rostro, sin nombre, aventureros sobre trineos de perros esquimales que van a la caza de fortuna, a la conquista del último territorio virgen o que, quizás, desean ciegamente escapar. A los protagonistas, a caballo entre la heroicidad y la locura, les espera un destino incierto, una lucha por la supervivencia en un medio en el que el hombre no siempre es el elemento más poderoso.
Una lectura bella y feroz, para pasar frío, temor, hambre. Para sentir la congelación en la punta de los pies, el aullido lejano del lobo que se aproxima y la constante compañía de la muerte, como en el inolvidable cuento titulado “Encender una hoguera”.
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jueves, 16 de junio de 2011
Jean-Claude Lalumière, El frente ruso

Terminemos la temporada 2010-2011 con algo de humor, que buena falta hace, pero humor del bueno, de calidad, de ese que te hace reír a carcajadas y luego te deja una sonrisa nostálgica pegada a la boca.
El frente ruso es la última apuesta de Libros del Asteroide y la primera novela del bordelés Jean-Claude Lalumière (1970), cuya experiencia como funcionario del Ministerio de Cultura francés le ha ayudado sin duda en la fabulación de las escenas desternillantes que pueblan esta novela.
Nuestro protagonista, un joven funcionario algo torpe, algo iluso, ingresa en el Ministerio de Asuntos Exteriores tras aprobar las oposiciones. ¿Realizará sus sueños infantiles a lo Indiana Jones, de viajes y aventuras diplomáticas en países exóticos? Todo lo contrario, más bien: un golpe de mala suerte lo acabará destinando a su particular gulag, la peor sección de Ministerio, la de países en vías de creación, Europa del Este y Siberia, más conocido como “el frente ruso”.
Entre el humor francés de las películas tipo La cena de los idiotas o Bienvenidos al norte y de novelas como La conjura de los necios, el autor crea una sátira delirante y demasiado reconocible del funcionariado y del mundo alienante del trabajo y la burocracia, con especial atención a la fauna peculiar que habita estos ecosistemas de oficina (desde el jefe inepto a la secretaria amargada a punto de jubilarse). Y, sin embargo, a pesar de la carcajada, la historia va adquiriendo densidad. Al principio nos reiremos de la mala suerte del protagonista, pero después, un regusto amargo reposará en la novela, el de la diferencia entre lo que esperamos de la vida y lo que acabamos encontrando.
Muy recomendable. Una novela de humor con todos los ingredientes del género, pero que no da la espalda a la calidad literaria, con una prosa certera, aguda, engañosamente sencilla. Y otro tanto para los Asteroides.
Volveremos en septiembre con más lecturas. ¡Muchas gracias a todos y feliz verano!
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David Vann, Sukkwan Island

Una historia implacable, desencantada, dura, angustiosa y, al mismo tiempo, una novela brillante, bien escrita, de una prosa directa, desprovista de adornos. Todo esto es Sukkwan Island, la primera novela de David Vann, publicada en castellano por Ediciones Alfabia. Nacido en 1966 en Adak, una de las islas Aleutianas, en el extremo más occidental de Alaska, nuestro autor parte de una terrible experiencia autobiográfica para construir su libro: cuando era un adolescente, su padre le pidió que pasase una temporada con él en un paraje remoto de Alaska, pero David no fue y su padre se marchó solo. Al tiempo, su padre se suicidó. En esta novela, David Vann relata un “exfuturo”, lo que pudo haber sido y no fue, esa posibilidad de existencia que no llegó a desarrollarse porque nuestro autor tomó, en un momento determinado, otro camino vital.
Roy es un adolescente que viaja con su padre a una isla de Alaska, donde tienen pensado pasar un año en completa soledad, sobreviviendo como “robinsones”, afianzando una relación algo deteriorada. Aparentemente están surtidos de víveres, tienen una radio para comunicarse y llamar, una avioneta pasará cada cierto tiempo, pero a Roy le cuesta adaptarse a esa vida, en un entorno hostil en el que llueve, hace frío, en compañía de su padre, un hombre al que no conoce demasiado bien. El tiempo vuela con las tareas de la supervivencia, como cazar, pescar, hacer incursiones en el bosque, construir una cabaña para ahumar pescado, etc., pero la sensación de claustrofobia, de que algo no va bien, no tardará en manifestarse, a través de pequeños gestos, de ligeros contratiempos como la aparición de un oso, las primeras nieves o un breve extravío en el bosque.
Lo que ocurra después lo tendrá que descubrir el lector por sí mismo, pero le aseguramos que no quedará indiferente. Más allá de la anécdota que da lugar a la ficción, estamos ante una novela fuerte, que corta la respiración, y que mueve a la reflexión sobre las obligaciones de la paternidad y sobre el daño que un modelo estable puede causar en los hijos.
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lunes, 23 de mayo de 2011
Marian Womack, Memoria de la nieve

¿Quién no se ha quedado inmóvil al contemplar un paisaje nevado, al escuchar el silencio en el que la nieve sepulta a las ciudades? Sus copos no son inocentes: congelan el tiempo, acallan el bullicio, sepultan los colores en uno solo, un blanco brillante que nos hace entornar los párpados hasta casi cerrarlos.
Algo parecido ocurre en Memoria de la nieve, la primera novela de Marian Womack (Cádiz, 1975), publicada muy recientemente por Tropo Editores. Sus siete capítulos nos trasportan a siete lugares diferentes, en siete tiempos distintos, desde el Moscú Revolucionario hasta el Oxford de los años sesenta, pasando por Siberia, la sierra de Mallorca o la Antártida, el lugar donde todo es nieve. Unidos por este leitmotiv, la novela se articula como un mecanismo perfecto de narraciones circulares y personajes que aparecen y desaparecen, sin que tengamos la certeza de que sean siempre los mismos, que se van inmiscuyendo unos en las historias de otros, como muñecas rusas indisciplinadas ante la locura o la muerte.
Esta novela, intensa y desasosegante, nos habla de la soledad, de lo peligrosa que resulta la hibernación en uno mismo al dar lugar a existencias enfermas de melancolía, fantasmas o impulsos de autodestrucción. Tiene algo de cuento gótico, de atmósfera inquietante, como en el capítulo titulado Oxford, la nevasca y el museo, donde el protagonista es un archivero, cuya vida bascula entre su conducta rutinaria y dos hechos que lo vienen a sacudir, a saber, las visiones de un fantasma (su hermano pequeño muerto) y la irrupción de una extraña mujer.
Una prosa muy cuidada, en la que las palabras se transforman en imágenes, olores, resplandores níveos. Una novela para lectores que piden más, a los que no asustan las vueltas atrás en la narración ni temen hacerse preguntas. Para quienes la ausencia de respuestas incluso satisface. Las historias no siempre se cierran, el final es el comienzo. Y cómo nos gusta que nos hagan extrañar lo cotidiano, lo en apariencia inofensivo.
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Mario Benedetti, La tregua

De Martín Santomé sabemos lo que nos dicen sus entradas de diario, a veces unas pinceladas sobre su persona, sobre su familia o sobre la vida gris de la oficina. Empleado viudo con la jubilación en ciernes, tres hijos con los que mantiene una tensa y afectuosa relación al mismo tiempo, viejos amigos viejos que llegan y se marchan. Nuestro narrador se describe a sí mismo como un triste con voluntad de alegre que dice haber jugado ya todas sus cartas y estar aguardando sin esperanza el final.
Pero entonces aparece una mujer, Laura Avellaneda, una joven vital, decidida, segura, inteligente, ilusionada, y entre Martín Santomé y la melancolía se establece una tregua. ¿Será efímera o, por el contrario, ganará la partida al personaje gris y resignado de Martín?
Mario Benedetti (1920-2009) publicó La tregua en 1960. Autor prolífico, poeta y narrador, escribió más de ochenta libros. A pesar de que la trama se sitúa en Montevideo y de que, de vez en cuando, aparecen briznas de vocablos uruguayos (por lo que la edición de Cátedra, con sus estupendas notas al pie, es más que recomendable), nos cuesta poco retroceder medio siglo y coger el tranvía por las calles de la capital uruguaya.
Una novela breve, de escasas 200 páginas, un diario que se lee como se escribe, en fragmentos cortos de estilo rápido, sencillo, que nos hace reflexionar sobre la fugacidad de la existencia, sobre las vidas no vividas y las treguas que no debemos dejar de atrapar con fuerza, apretando mucho los puños.
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