lunes, 19 de abril de 2010

La casa de los Malfenti











Invitación para visitar una casa muy especial. Pasillos en los que perderse, estancias de ventanas abiertas, gabinetes privados donde se lee en sillones orejeros, pero también salones atestados de escritores bulliciosos.

Hoy os traigo una recomendación diferente. En forma de revista.

Ve la luz el número de primavera de la revista literaria y cultural "La casa de los Malfenti", una publicación online, de gran calidad, variada, para disfrutar poco a poco, que no defrauda.
En ella encontraréis artículos de crítica literaria y cultural, relatos, entrevistas y mucho más.
Ah, y un artículo que lleva mi firma, sobre el personaje de El extranjero de Camus, del que hablé por aquí hace unos días.

¡Felices lecturas de lecturas!

Pincha aquí para entrar en mi habitación de La casa de los Malfenti
http://www.lacasadelosmalfenti.com

martes, 6 de abril de 2010

Fred Vargas, El hombre de los círculos azules


Imagínese el lector de este blog que un buen día comienzan a aparecer en las apacibles calles de Pamplona (o de cualquier otra ciudad) objetos en apariencia carentes de importancia, rodeados de un círculo de tiza azul. Puede tratarse de un trombón, un diccionario, una pinza de depilar, un yogur o la pata de una paloma. Al lado del círculo, una frase misteriosa: “Víctor, mala suerte, ¿qué haces fuera?”. Con seguridad nos divertiría esta excentricidad, pero para Jean-Baptiste Adamsberg, comisario del distrito 5 de París, hay algo cruel en los hallazgos, un peligro inminente, el preludio a una tragedia. Tarde o temprano los objetos de los círculos azules darán lugar a un cadáver.

Una trama original donde las haya, de la autora de novelas policíacas más de moda en Francia en la actualidad. Hay que leer a Fred Vargas, sus planteamientos originales, sus personajes elaborados, su diseminación de pistas falsas no da tregua. Escojan El hombre de los círculos azules o Huye rápido, vete lejos, para empezar. Y luego sigan por donde más les guste. Hasta que lleguen al punto final no se cansarán de pasar páginas a toda velocidad.

Fred Vargas nació en París en 1957. Experta en Historia y Arqueología, trabajó como científica en el Centro Nacional de Investigaciones Científicas hasta que en 1986 empezó a escribir novelas policíacas. Y desde entonces no ha parado, con gran éxito de crítica y público.

Acaba de salir su última novela, Un lugar incierto, en Siruela. Hablaremos de ella en próximas ocasiones.

Si queréis ver el vídeo de la tercera parte de este programa (31/03/2010), pinchad aquí.

Patricia Highsmith, Extraños en un tren


Pongamos que existe el crimen perfecto. Pongamos que dos desconocidos se encuentran en un tren, comienzan una conversación anodina y confiesan que cada cual por su lado desearía deshacerse de una persona de su entorno. Saben que la proximidad les delataría demasiado pronto. Guy es un hombre elegante, con clase, de vida ordenada. Bruno es un joven, impulsivo, de aspecto descuidado. Bruno quiere ver muerto a su padre y Guy no sabe qué hacer para librarse de su esposa, que no le quiere dar el divorcio. De la cabeza atormentada de Bruno surge el plan: él matará a la mujer de Guy a cambio de que Guy elimine a su propio padre. Como son dos desconocidos, nadie dará con ellos, la policía no encontrará el móvil ni el rastro que los inculpe.

La autora publicó esta novela en 1950, cuando contaba con unos sorprendentes 29 años. Un año después, Alfred Hitchcock la adapta al cine, siendo Raymond Chandler el guionista. La versión cinematográfica no guarda con el libro más que el planteamiento, pero hay que verla porque es una gran película, a pesar de que los buenos se mantienen buenos y los malos son castigados. Estamos en el cine de los cincuenta, un poco de consideración.

Patricia Highsmith tuvo una vida excéntrica y solitaria. De su Texas natal se trasladó a Europa en los años 60 y murió en Suiza en 1995. Sus tramas eran demasiado osadas para la época, los ambientes demasiado claustrofóbicos y el bien no siempre triunfaba sobre el mal. Tampoco hay policías heroicos, otro trazo que la separa de la novela policíaca arquetípica. Leyendo su obra, el lector experimentará un placer teñido de escalofrío. Las fronteras morales por las que se rigen sus personajes no están claras, pero ella los pone en primer plano, somos capaces casi de palpar las psicopatías que los atormentan. Pensemos en el protagonista de El talento de Mr Ripley, un estafador que suplanta la personalidad de aquellos a quienes asesina. Casi nada.

Ah, y también engancha. Una gran lectura.

Si queréis ver el vídeo de la segunda parte de este programa (31/03/2010), pinchad aquí.

La novela policíaca, una introducción


La novela policíaca es como esos conjuntos matemáticos que nos enseñaban en el colegio, con subconjuntos redonditos que llevan la etiqueta de novela negra, novela de enigmas, novela de espionaje, cómic negro, novela gráfica negra, thriller, etc…

Si lo reducimos a su DNI, la novela policíaca sería el género narrativo cuya trama se basa en la resolución de un misterio (con “fiambre” o “fiambres” de por medio) y un protagonista que suele ser un policía o un detective, un sabueso que sigue las pistas hasta desenmascarar al culpable, muchas veces recurrente en otros libros del mismo autor.

Dicen que la primera historia de este género es Los crímenes de la calle Morgue, de Edgar Allan Poe, esa obra tan curiosa en la que al final el malo es un mono y cuya conclusión siempre me ha resultado algo decepcionante, no sé, tengo que confesarlo. Luego vino Sherlock Holmes, el de verdad, el atormentado y adicto al opio, el que asiste a un concierto de Pablo Sarasate en la historia titulada La liga de los pelirrojos, que me disculpen el salto terruñero. Y qué decir de Agatha Christie, con ese belga tan gabacho de Hércules Poirot y Miss Marple, a la que yo siempre me imagino regando unas hortensias azuladas y perfectas.

Esto es lo que se llama la escuela británica. Estas novelas recrean ambientes de la alta sociedad, los crímenes son refinados (el veneno en la tacita de té) y no dan miedo, ni asco, ni sentimos pena por las víctimas. Las matan para que sigamos las pistas, para que juguemos al sudoku de la lógica.

El género evolucionará a formas narrativas más complejas y surgirá en Estados Unidos el subgénero de la novela negra. Pensemos en Raymond Chandler y Dashiell Hammett. El telón de fondo de los crímenes será sórdido, de los bajos fondos, y el héroe cínico, desencantado, tendrá que hacer frente en soledad al criminal, pero también al poder corrupto. Es Philip Marlowe, o su alterego Humphrey Bogart, en El halcón maltés, en El sueño eterno.

A día de hoy, el género se ha convertido en un gran espacio abierto donde cabe casi de todo. Es difícil encontrar libros puros, en los que sólo haya novela de enigmas o novela de detectives o novela negra, y muchos de las obras que no se encuadran en esta categoría se sirven de ingredientes del género. Lo cierto es que si hubo una época entre los años 60 y los 80 en los que la novela policíaca en toda su extensión experimentó una cierta crisis, en nuestros días vuelve con fuerza. Pásense por una librería y encontrarán sin duda una sección dedicada a este género.

Porque en la ficción, un buen crimen de vez en cuando sienta muy bien.

Elemental, mis queridos amigos.

Si queréis ver el vídeo de la primera parte de este programa (31/03/2010), pinchad aquí.

Juan Marsé, Últimas tardes con Teresa


Si tuviera que elegir una novela de Marsé, me quedaría con ésta. Las razones son por completo sentimentales y poco fundadas: la leí por primera vez cuando tenía quince o dieciséis años, a caballo entre los libros juveniles y las novelas para adultos y guardo un recuerdo cálido de ella. Más tarde la he vuelto a leer y me ha gustado, de maneras diferentes con la edad, pero siempre he conservado de su lectura ese ambiente mediterráneo, el sol de Barcelona, de las tardes en la playa que pasan Teresa y el Pijoaparte.

A Juan Marsé le concedieron el Premio Cervantes en 2009, el mayor galardón de las letras castellanas, pero lo conocemos porque ha escrito muchas novelas, como Ronda de Guinardó, El amante bilingüe o Rabos de lagartija. Tengo que confesar que algunas las confundo entre sí, pero Últimas tardes con Teresa es la única que flota con claridad en mi mente.

Publicada en 1966, la historia nos cuenta la relación entre dos personajes de distinta condición. Teresa es una muchacha burguesa, idealista, una niña bien, rebelde e ingenua. Manolo, el Pijoaparte, es un joven atractivo, barriobajero, que se dedica a la pequeña delincuencia y aspira al ascenso social. El lector es testigo de los contrastes sociales y de las distintas ansias vitales, carencias, hipocresías, caprichos de unos y otros, en la Barcelona de los años cincuenta, que se alza como un personaje más.

Recomendamos esta historia de romanticismo urbano, como se ha definido en alguna parte, de fácil lectura, bien escrita, para descubrir a Marsé. Una y otra vez.

Si queréis ver el vídeo de la segunda parte de este programa (03/03/2010), pinchad aquí.

Paul Auster, Invisible


Con los libros de Paul Auster me sucede una cosa curiosa: me gustan mientras los estoy leyendo, pero en cuanto termino se esfuman de mi mente y guardo un poso muy ligero de ellos. Hay que reconocer que tiene una fórmula mágica que le funciona, unas constantes vitales en las novelas recientes (la Trilogía de Nueva York es, en mi opinión, otra cosa) que maneja con habilidad, pero sin ocultar los hilos que las unen. No existe sospecha ni pudor en el hecho de que los personajes se parezcan de unas historias a otras.

Paul Auster es un best seller en nuestro país desde que lo vimos paseando por Oviedo, como si estuviese entre la 57 y Broadway. En 2006 le concedieron el Premio Príncipe de Asturias de las Letras. Tiene 62 años y una mirada turbia. No nos resulta difícil imaginarnos cómo vivía y cómo leía en ese petrolero que cruzaba el Golfo de México, en el que se enroló con 23 años.

Invisible comienza con una escena intrascendente, al menos en apariencia. Adam Walker, universitario de Nueva York, conoce en una fiesta a un excéntrico profesor, Rudolf Born. Entre ellos surge una extraña amistad y el profesor se ofrece a financiar una revista literaria que el joven gestionará. ¿Acaso un caramelo envenenado?

Me perdonarán que no pueda contar nada más de la trama, pero garantizo que se pone interesante y no hay quien deje el libro quieto hasta el final. Los temas recurrentes en Paul Auster están aquí también: el escritor, el proceso de escritura, los libros, los límites borrosos y borrados entre ficción y realidad, las sinestesias entre géneros artísticos, etc. De manera notable, el autor juega con los géneros (a veces estamos leyendo una novela de intriga, ¿o será un diario?, ¿quizás una autobiogafía?), las personas y los puntos de vista narrativos también se dan el relevo y los personajes se desmienten entre ellos.

Al final, nos acabamos preguntando si hay algo de cierto en eso que hemos leído. Lo lamento por quienes no aguanten el peso de esta duda. Para mí, es todo un placer.

Si queréis ver el vídeo de la primera parte de este programa (03/03/2010), pinchad aquí.

Miguel Hernández, Antología


Este año 2010 se conmemora el nacimiento del poeta alicantino Miguel Hernández. Como buena parte de las cosas que estudiamos en el colegio, recordamos su vida y su obra poco y mal y sentimos una especie de recelo atávico a volver sobre aquellos pasos. Cavafis o Éluard son dignos de ser descubiertos, dignos de que nos maravillen, pero me pregunto qué nos habría pasado de haberlos tenido en el temario del instituto.

Este centenario es una gran excusa para leer con ojos renovados a Miguel Hernández, nexo indiscutible, a pesar de su vida truncada, entre la Generación del 27 y los poetas de posguerra.

Han querido los críticos, con su afán kantiano, clasificar la poesía del de Orihuela en tres etapas: una ultraísta y gongorina, la segunda íntima y garcilasiana y la tercera, social. Yo me quedo con El rayo que no cesa (1936), esos veintisiete sonetos de corte clásico, sobre la frustración del amor. Muchos nos sonarán en su lectura. Son sencillos, visuales, sensoriales y profundamente significativos, como el que comienza así: “Me tiraste un limón, y tan amargo”.

Bajo una aparente sencillez, sus poemas rezuman sinceridad, a través de un lenguaje muy visual, audaz en metáforas, que resulta cercano al tomar elementos del romancero.

Dicen que al final de su vida, la poesía de Miguel Hernández se decantó hacia lo social, transitó del yo al nosotros. Las angustias del poeta se identifican con las de todos los hombres, la poesía nace del pueblo y es el poeta quien convierte la voz del pueblo en materia poética, para más tarde devolvérsela al pueblo. De ahí los versos siguientes: “Vientos del pueblo me llevan,/ vientos del pueblo me arrastran,/ me esparcen el corazón,/ me aventan la garganta.”

Si queréis ver el vídeo de este programa (17/02/2010), pinchad aquí.