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jueves, 27 de enero de 2011

Domingo Villar, La playa de los ahogados


Domingo Villar (Vigo, 1971) lleva dos novelas escritas, ambas policíacas, ambas situadas en su Galicia natal. Sus tramas resultan originales y bien resueltas, coherentes, claras, sin golpes de efecto artificiales. Los protagonistas no son superhombres, ni superpolis. Sus libros intrigan, pero también se disfrutan. Cuida el estilo, el equilibrio, el no dárselo todo mascado al lector. Y eso se nota. Y se agradece.

Como no podía ser de otro modo, La playa de los ahogados comienza con un cadáver, un ahogado en una playa de las Rías gallegas. Un marinero de la zona. Lo que en un principio parece un accidente, poco después se convierte en un asesinato: la víctima tenía las manos atadas y el nudo no lo pudo hacer él mismo. En el pueblo, todos parecen ocultar algo.

El inspector Leo Caldas y su ayudante Rafael Estévez se encargan de resolver el crimen. Si el inspector gallego es lacónico, delicado, ambiguo y silencioso, su ayudante, un aragonés destinado a la comisaría de Vigo, posee un carácter muy distinto, impetuoso, bruto, directo. El contraste entre la forma de ser de los gallegos y los maños, estereotipada en estos dos personajes, pondrá el punto de humor y relajará lo terrible del acto criminal.

Una lectura para amantes del género policíaco, con todos los ingredientes que nos gustan (un crimen misterioso, una pareja de detectives, unas pistas cuidadosamente diseminadas), pero también una novela original, de aquí, bien escrita y que se lee de un tirón.


Si queréis ver el vídeo de la primera parte de este programa (26/01/2011), pinchad aquí.

viernes, 8 de octubre de 2010

Stef Penney, La ternura de los lobos



Un pueblo perdido al noreste de Canadá en el siglo XIX a comienzos del invierno. Un trampero que aparece muerto de manera violenta y, al mismo tiempo, un adolescente que desaparece. Sobre el joven recaen todas las sospechas y todas las intrigas, mientras afluyen al pueblo una serie de personajes atraídos por el crimen (investigadores de la compañía comercial de pieles, un periodista cuyos días de gloria pasaron, cazadores, indios, rastreadores…). Pero la madre del muchacho se resiste a creer que su hijo es un asesino y sale en su busca, por entre los lagos helados, para dar con él antes de que lo hagan los investigadores o los lobos.

Dice Stef Penney, escritora escocesa, que se le fue la mano y escribió una novela de 450 páginas cuando se disponía a elaborar un breve guión. Sorprende, por su dominio de la estructura y de la introspección psicológica, que sea esta su primera novela. Ya un éxito de ventas, la película está en camino. Una pena no poder contratar a John Ford. Le pega.

Lo mejor de La ternura de los lobos es que se nutre de muchos géneros y, por eso mismo, satisfará a lectores de paladares diversos: novela policiaca (el asesinato y su resolución), novela exótica y hasta histórica (los pioneros del Canadá del siglo XIX), novela de aventuras, novela de frontera a lo “último mohicano” entre un mundo que acaba (el de los indios nativos) y un mundo que comienza, etc.

Y qué decir de ese personaje más que es el frío, omnipresente en la novela, en las blancas coníferas, los remolinos de ventiscas, el comienzo de la tormenta o la congelación en la punta de los dedos. Os aseguro que se tirita leyendo este libro.

Yo, en pleno agosto, incluso tuve la tentación de enfundarme un jersey de cuello vuelto. Leedlo antes de las primeras heladas.



Si queréis ver el vídeo de la segunda parte de este programa (06/10/2010), pinchad aquí.

martes, 6 de abril de 2010

Fred Vargas, El hombre de los círculos azules


Imagínese el lector de este blog que un buen día comienzan a aparecer en las apacibles calles de Pamplona (o de cualquier otra ciudad) objetos en apariencia carentes de importancia, rodeados de un círculo de tiza azul. Puede tratarse de un trombón, un diccionario, una pinza de depilar, un yogur o la pata de una paloma. Al lado del círculo, una frase misteriosa: “Víctor, mala suerte, ¿qué haces fuera?”. Con seguridad nos divertiría esta excentricidad, pero para Jean-Baptiste Adamsberg, comisario del distrito 5 de París, hay algo cruel en los hallazgos, un peligro inminente, el preludio a una tragedia. Tarde o temprano los objetos de los círculos azules darán lugar a un cadáver.

Una trama original donde las haya, de la autora de novelas policíacas más de moda en Francia en la actualidad. Hay que leer a Fred Vargas, sus planteamientos originales, sus personajes elaborados, su diseminación de pistas falsas no da tregua. Escojan El hombre de los círculos azules o Huye rápido, vete lejos, para empezar. Y luego sigan por donde más les guste. Hasta que lleguen al punto final no se cansarán de pasar páginas a toda velocidad.

Fred Vargas nació en París en 1957. Experta en Historia y Arqueología, trabajó como científica en el Centro Nacional de Investigaciones Científicas hasta que en 1986 empezó a escribir novelas policíacas. Y desde entonces no ha parado, con gran éxito de crítica y público.

Acaba de salir su última novela, Un lugar incierto, en Siruela. Hablaremos de ella en próximas ocasiones.

Si queréis ver el vídeo de la tercera parte de este programa (31/03/2010), pinchad aquí.

Patricia Highsmith, Extraños en un tren


Pongamos que existe el crimen perfecto. Pongamos que dos desconocidos se encuentran en un tren, comienzan una conversación anodina y confiesan que cada cual por su lado desearía deshacerse de una persona de su entorno. Saben que la proximidad les delataría demasiado pronto. Guy es un hombre elegante, con clase, de vida ordenada. Bruno es un joven, impulsivo, de aspecto descuidado. Bruno quiere ver muerto a su padre y Guy no sabe qué hacer para librarse de su esposa, que no le quiere dar el divorcio. De la cabeza atormentada de Bruno surge el plan: él matará a la mujer de Guy a cambio de que Guy elimine a su propio padre. Como son dos desconocidos, nadie dará con ellos, la policía no encontrará el móvil ni el rastro que los inculpe.

La autora publicó esta novela en 1950, cuando contaba con unos sorprendentes 29 años. Un año después, Alfred Hitchcock la adapta al cine, siendo Raymond Chandler el guionista. La versión cinematográfica no guarda con el libro más que el planteamiento, pero hay que verla porque es una gran película, a pesar de que los buenos se mantienen buenos y los malos son castigados. Estamos en el cine de los cincuenta, un poco de consideración.

Patricia Highsmith tuvo una vida excéntrica y solitaria. De su Texas natal se trasladó a Europa en los años 60 y murió en Suiza en 1995. Sus tramas eran demasiado osadas para la época, los ambientes demasiado claustrofóbicos y el bien no siempre triunfaba sobre el mal. Tampoco hay policías heroicos, otro trazo que la separa de la novela policíaca arquetípica. Leyendo su obra, el lector experimentará un placer teñido de escalofrío. Las fronteras morales por las que se rigen sus personajes no están claras, pero ella los pone en primer plano, somos capaces casi de palpar las psicopatías que los atormentan. Pensemos en el protagonista de El talento de Mr Ripley, un estafador que suplanta la personalidad de aquellos a quienes asesina. Casi nada.

Ah, y también engancha. Una gran lectura.

Si queréis ver el vídeo de la segunda parte de este programa (31/03/2010), pinchad aquí.

La novela policíaca, una introducción


La novela policíaca es como esos conjuntos matemáticos que nos enseñaban en el colegio, con subconjuntos redonditos que llevan la etiqueta de novela negra, novela de enigmas, novela de espionaje, cómic negro, novela gráfica negra, thriller, etc…

Si lo reducimos a su DNI, la novela policíaca sería el género narrativo cuya trama se basa en la resolución de un misterio (con “fiambre” o “fiambres” de por medio) y un protagonista que suele ser un policía o un detective, un sabueso que sigue las pistas hasta desenmascarar al culpable, muchas veces recurrente en otros libros del mismo autor.

Dicen que la primera historia de este género es Los crímenes de la calle Morgue, de Edgar Allan Poe, esa obra tan curiosa en la que al final el malo es un mono y cuya conclusión siempre me ha resultado algo decepcionante, no sé, tengo que confesarlo. Luego vino Sherlock Holmes, el de verdad, el atormentado y adicto al opio, el que asiste a un concierto de Pablo Sarasate en la historia titulada La liga de los pelirrojos, que me disculpen el salto terruñero. Y qué decir de Agatha Christie, con ese belga tan gabacho de Hércules Poirot y Miss Marple, a la que yo siempre me imagino regando unas hortensias azuladas y perfectas.

Esto es lo que se llama la escuela británica. Estas novelas recrean ambientes de la alta sociedad, los crímenes son refinados (el veneno en la tacita de té) y no dan miedo, ni asco, ni sentimos pena por las víctimas. Las matan para que sigamos las pistas, para que juguemos al sudoku de la lógica.

El género evolucionará a formas narrativas más complejas y surgirá en Estados Unidos el subgénero de la novela negra. Pensemos en Raymond Chandler y Dashiell Hammett. El telón de fondo de los crímenes será sórdido, de los bajos fondos, y el héroe cínico, desencantado, tendrá que hacer frente en soledad al criminal, pero también al poder corrupto. Es Philip Marlowe, o su alterego Humphrey Bogart, en El halcón maltés, en El sueño eterno.

A día de hoy, el género se ha convertido en un gran espacio abierto donde cabe casi de todo. Es difícil encontrar libros puros, en los que sólo haya novela de enigmas o novela de detectives o novela negra, y muchos de las obras que no se encuadran en esta categoría se sirven de ingredientes del género. Lo cierto es que si hubo una época entre los años 60 y los 80 en los que la novela policíaca en toda su extensión experimentó una cierta crisis, en nuestros días vuelve con fuerza. Pásense por una librería y encontrarán sin duda una sección dedicada a este género.

Porque en la ficción, un buen crimen de vez en cuando sienta muy bien.

Elemental, mis queridos amigos.

Si queréis ver el vídeo de la primera parte de este programa (31/03/2010), pinchad aquí.